Él nos está mirando


Marcos 6:
45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar;
47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.
49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron;
50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis!
51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban.
52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.

Para poder dimensionar este pasaje de manera más eficiente, es necesario y saber de su contexto previo.
Jesús y sus discípulos han sido golpeados con una feroz noticia, la trágica y cruenta muerte de Juan el bautista. (Marcos 6:14 – 29) Jesús emparentado con el profeta con quien, si bien es cierto, no se vislumbra algún tipo de relación familiar de cercanía, sin dudas debe haber sido afectado. Además un par de los discípulos de Jesús, habían sido discípulos de Juan previamente, así que sin dudas para el grupo la noticia fue dura, generando una carga emocional adicional para ellos- Aparte de los anterior, Jesús ve un desgaste físico importante en sus discípulos, (Marcos 6:31), ante lo cual, decide apartarse de la gente a solas con sus discípulos, pero la gente a verlos marcharse los siguen e intuyendo algunos de ellos hacia donde se dirigen, incluso se les adelantan, (Marcos 6:33) .Al salir de la barca al lugar pensado para descansar, Jesús vio una gran multitud de gente y lejos de molestarse, sintió una amorosa compasión por ellos, (Marcos 6:34). El momento de descanso se transformó en una jornada gloriosa, pues el maestro comenzó a enseñarles muchas cosas, (Marcos 6:34). Me imagino la gloria que significaba escuchar al divino maestro, seguramente extasiaba el alma y los sentidos de quienes le oían, sus corazones parecían arder al escucharlo. Su sabiduría eterna transmitida en sus palabras, seguramente llenaba el corazón de los oyentes. Que glorioso debe haber sido escuchar al dador de la vida. Súmese a lo anterior que por la misma compasión por la gente Jesús sano a todos los enfermos que le trajeron en esa jornada. (Mateo 14 :14).
Al hacerse tarde y estando en un ligar desierto, los discípulos sugieren a Jesús que despida la multitud pues es tarde y deben alimentarse. Ante esta sugerencia el maestro les dice que ellos mismos se encarguen de eso, pero los discípulos hacen ver al Señor la imposibilidad de hacerlos, pues carecen de los recursos mínimos necesarios, pues para la gran multitud de cinco mil hombres más las mujeres y los niños que andan entre la multitud, solo disponen de cinco panes y dos peces ,lo cual es claramente insuficiente. Jesús manda a la multitud acomodarse y descansar y junto con bendecir el pan y los peces, comienza a entregárselos a los discípulos y milagrosamente se alimentan todos y sobran doce cestas llenas de restos de pan y peces. Si la jornada había sido gloriosa con la enseñanza del Maestro y los milagros de sanidad, este último milagro de multiplicación de los panes y los peces, hace inolvidable la jornada para todos.
Jesús anima a los discípulos a ir a la otra ribera solos mientras tanto el despide la multitud, cuando llega la noche el maestro está orando a solas arriba en el monte y los discípulos navegan en medio del mar. A medida que van avanzando solos en medio del mar, el viento se levantó en su contra. Recuerde el contexto previo, viene de una jornada gloriosa, donde sin dudas la multiplicación de los panes y los peces, debe llevar el máximo de la atención en las conversaciones que ellos llevaban. Venían de una jornada gloriosa, pero ahora el viento les es contrario y están solos. Comienzan a bregar, como lo saben hacer, pues mayoritariamente son pescadores de esa área, pero al llegar la cuarta vigilia de la noche, algo así como entre las tres y seis de la mañana aproximadamente, ya la fatiga y el cansancio hacían presa de ellos. Las escrituras dicen que cuando habían avanzado algo así como cinco o seis kilómetros (San Juan 6:19 (NVI)) y estando ya fatigados de bregar contra el viento contrario, Jesús vino caminando sobre el mar y contra el viento. La humana reacción de los discípulos ante este inusual hecho es de espanto y creen ver un fantasma, (Mateo 14 :26), pero Jesús les anima diciéndoles Yo soy no temáis. Los discípulos recibieron con gusto a Jesús en la barca (San Juan 6:21). Al subir el Maestro se calmó la mar y el viento, (Marcos 6:51).
Estimados exactamente igual le ocurre a la Iglesia de Jesucristo hoy en día. Aunque vivamos en la comunión de nuestras congregaciones momentos gloriosos a través de la Palabra de Dios, y diversos milagros, cuando estamos a solas en nuestra cotidianeidad, nuestro enemigo, el diablo, levanta vientos contrarios, para hacernos olvidar los momentos junto al Señor. Las enfermedades graves, las dificultades económicas, los problemas familiares, los problemas entre los matrimonios, los problemas de índole sentimental son ráfagas de viento satánico que nos entorpecen, que nos obligan a bregar duramente en la vida y alejan nuestro corazón de los vibrantes momentos que vivimos junto al Señor en los servicios de nuestras iglesias, nuestras oraciones diarias y en los momentos de meditación y lectura bíblica que tenemos con Dios. Muchas veces nos sentimos agotados agobiados de los problemas, es entonces cuando debemos prestar mucha atención a lo que ocurria en el monte mientras los discípulos batallaban contra el mar y el viento,
Marcos 6::-48): 47 y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar,
Los discípulos batallaban solos en medio del mar, pero Jesús desde lo alto los miraba y cuando los vio fatigados fue en su auxilio. Hoy Jesús también a nosotros, que estamos sufriendo vientos contrarios de parte de nuestro enemigo, nos mira desde lo alto y esta pronto para ir en nuestro auxilio. Note que los discípulos debieron batallar casi cinco kilómetros y aunque cansados no cejaron en su esfuerzo. No nos cansemos, si el viento hoy nos es contrario, el Seños nos mira atentamente y no dejará que nuestra barca naufrague, seguro que vendrá en nuestro auxilio.

Un abrazo y bendiciones.

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