LUZ DEL MUNDO

vela_enciende_velaPensando en lo que Dios espera de los que asistimos a una congregación,  nos hemos propuesto mirar el tabernáculo  y sus elementos, para ver en ellos la figura de lo que Dios desea de nosotros.  Hemos centrado nuestra atención en  el lugar santo, zona donde esta lo que Dios espera del hombre hacia Él.

 

Frente a la mesa de los panes de la proposición, de la que hablamos hace unos días atrás, estaba el candelero de oro.  Era una pieza magníficamente elaborada, lo que puede leer en detalle en Éxodo 25:31-40, Sobre sus siete brazos, estaban siete lámparas de oro que debían alumbrar perpetuamente hacia adelante.  En apocalipsis 1:20 entendemos que el candelero es la Iglesia de Cristo, pero el candelero es un adorno sin las lámparas que son  las que deben cumplir la labor de iluminar, ¿Qué son entonces esas lámparas?.  Jesus nos indica al respecto. En San Mateo 5:14 “Vosotros sois la luz del mundo”.  Si mi estimado, nosotros somos las lámparas del candelero, es decir Dios espera que los que asistimos al templo, los que pertenecemos a una determinada congregación, seamos luz el mundo.

 

Esto nos adjudica una tremenda responsabilidad en la sociedad y el medio donde vivimos. Ante la pérdida de ciertos valores éticos y morales, el atropello al derecho a la vida, la falta de respeto por el prójimo y sus bienes, la degradación del concepto familia, los cristianos tenemos que ser luz.  Como la plantea el apóstol Pablo en Filipenses 2:15 “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

 

Dios espera de  los creyentes que asisten al templo, más que una actitud religiosa del momento, Dios espera una forma de vida perpetua, es decir, siempre y para siempre de luz, de ser luminares en medio de una generación maligna y perversa.

 

Las lámparas necesitan aceite para poder mantenerse encendidas, ese aceite de oliva machacada que debía preparar el pueblo (Levíticos 24:2), no es otra cosa que el Espíritu Santo en el hombre, a través de una obra de Dios y un esfuerzo y dedicación del hombre,  lo que genera en el hombre  los “frutos del espíritu”, es decir, lo que el creyente va adquiriendo en su vivir cristiano, a través de la meditación, la lectura bíblica, la oración.  Una vida piadosa y de compromiso con los desposeídos, de preocupación por los que sufren, de amor por los que no conocen a Dios, de angustia por los que viven perdidamente lejos de Dios, hacen que cada día su vida triture y machaque olivas para mantener la lámpara encendida.

 

Dios nos quiere ver continuamente en el templo, pero es necesario que perpetuamente en nuestra vida diaria seamos luz del mundo.

 

Un abrazo y bendiciones

 

 

JGR

 

 

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