CLASE DE DORCAS – Eclesiastés 9-8

am_281824_4410298_728785“En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.”
Blanco:- de color como el de la nieve o el de la leche; es el color de la luz solar que se refleja sin descomponerse en los colores del espectro.

 

En este caso el blanco se asocia a la pureza y la santidad, que debe estar no en nuestro fuero externo sino en el interno. Dios nos pide ser limpios de corazón, ser limpios de mente, ser limpios de actitud, ser limpios en toda nuestra forma de ser. Dios nos pide ser puros en todo tiempo, es decir siempre. Hoy en día es difícil poder cumplir con este mandato pero Dios nos da herramientas con las que podemos contar:-

 

         1.-El Espíritu Santo, diariamente estamos en una lucha constante con quien quiere que caigamos ante los ojos Santos de Dios. Para evitar contaminarnos y tener la fuerza de decir No cuando venga la tentación es indispensable tener morando el Espíritu Santo en nuestras vidas. Esa voz interna que nos dice lo que está bien y lo que está mal. Jesús oro al Padre para pedir que nos diera de su Espíritu Santo porque sabía que lo necesitaríamos

 

2.- La Biblia, quien continuamente está leyendo su palabra, estará aprendiendo cual es la voluntad de Dios para nuestras vidas y las grandes promesas para quienes se comprometen con Él de obtener la vida eterna. Cuando Jesús fue tentado en el desierto acudió a la palabra de Dios para defenderse.

 

3.- La oración, aquellas personas que tienes un compromiso de orar, no solo en tiempos de aflicción sino como una forma de vivir tendrá la seguridad de que Dios consuela nuestra tristeza, Dios nos  fortalece en nuestras enfermedades, Dios se agrada de nuestra gratitud cuando nuestra oración es para agradecer, Dios quiere que conversemos con Él cada día porque quiere tener una relación cercana con nosotros. Jesús siendo el hijo de Dios oraba continuamente.

 

Cuando se habla acerca del ungüento se está refiriendo a estar firmes en nuestro creer en Dios y compromiso de no caer ante las tentaciones que  cada día nos asedian.

 

La pureza y  la Santidad son indispensables para nuestra meta final que es estar viviendo con Dios eternamente, en su Santa presencia.

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