Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento.

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A través del profeta Oseas en el capítulo 4, Dios ve a la nación sumida en una vida plena de pecado, el versículo 2 nos muestra el oscuro panorama de una vida alejada de Dios. Parece desconcertante que pareciera que no se dan cuenta de su estado espiritual, pues llevan una vida normal en sus acciones diarias y en su relación con Dios, aunque el pasaje se encarga de hacer notar que los representantes de Dios que son los sacerdotes y profetas, lejos de servir a los propósitos de Dios actúan maliciosamente y por ende son rechazados por Dios mismo, como podemos ver en los versículos 4y5.
Desde una perspectiva profética Dios ve a la nación destruida en un futuro cercano versículo 5b, es decir, que el actual estado moral y valórico que sume a la nación tendrá como fin inevitable la destrucción misma de la nación. Como corolario de tan dramática escena, Dios declara “Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento”, versículo 6.
Este pasaje debe llamarnos poderosamente la atención, pues Dios habla de una falta de conocimiento en el pueblo. Usando el mecanismo de los textos paralelos hallamos en el capítulo 6 versículo 6 del mismo libro podemos hallar luz acerca de qué tipo de conocimiento es el que Dios reclama falta en su pueblo: “conocimiento de Dios”.
La pregunta que nace al pensar acerca de esto es, ¿Cómo puede faltar conocimiento de Dios si hay un sistema de adoración establecido y hay ministerios encargados de ejecutarlos según lo establecido en la ley?, pues hay sacerdotes y profetas ejerciendo sus ministerios y el templo con sus sistemas de sacrificios y ofrendas está vigente y activo.
La lectura del libro de 1 Samuel nos puede ayudar a entender esta perspectiva de Dios. En el 1:3 podemos ver que, en los tiempos de ese pasaje, el sistema de adoración y sacrificio estaba vigente y operativo, siendo los hijos de Eli Ofni y Finnes los sacerdotes de Jehová. Según este versículo el pueblo contaba con la dirección y guía para poder acudir a Dios mediante las fiestas y los sacrificios. A nuestros ojos pareciera a la luz de este versículo que todo marcha bien, que está todo en su lugar para una correcta relación Dios – hombre, pero si leemos 2:12 vemos lo que Dios ve desde su perspectiva, los hijos de Eli “no tenían conocimiento de Dios”. Los sacerdotes de Jehová, simplemente no tenían conocimiento de Dios, ¿cómo entonces podían cumplir con su obligación de ser los que guardaran la ley (Deuteronomio 17:18) y más aún si ellos no conocían a Dios ¿Cómo podrían enseñar al pueblo, tal como se les indicaba en la ley (Levíticos 10:11)?, como se preguntara el divino maestro en Lucas 3:39; ¿acaso puedo un ciego guiara otro ciego?, respondiendo No ambos caerán en el hoyo.
La dura expresión de Dios: “Mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento” nos debe llevar a pensar que la real causa de destrucción de una Iglesia, es la falta de conocimiento, por lo que los esfuerzos de los lideres debe ser que el pueblo tenga conocimiento de Dios. Los esfuerzos de la Iglesia deben ser que el pueblo adquiera conocimiento, sabiendo que la única fuente segura son las sagradas escrituras, contenidas en La Biblia.
Nosotros y seguramente muchas congregaciones más, hacemos serios y variados esfuerzos para entregar conocimiento de las escrituras y lo referido a ellas a las congregaciones, lo cual no está mal, al contrario, es total y absolutamente necesario hacerlo, pero quisiera llevar esta reflexión un paso más allá, pues claramente al pensar en lo citado del libro de Samuel, el conocimiento de Dios que Dios requiere, es más que un conocimiento aprendido, es más que tener un sistema de adoración establecido, es mucho más que los actos religiosos que se hacen en los templos. Israel tenía un sistema religioso establecido, tenía los ritos necesarios, los ministerios requeridos y aun así al pueblo le falto conocimiento de Dios. ¿No le podrá ocurrir algo similar a las iglesias de hoy?. Sabemos cómo hacer iglesia y hacemos iglesia, pero ¿realmente las congregaciones tienen conocimiento de Dios?
Pareciera ser que hay una forma de conocimiento que va más allá de lo aprendido de nuestros cultos, de nuestros maestros y de nuestra capacitación personal en las escrituras, un conocimiento que rebaza largamente la ritualidad de los servicios, por bien intencionados y bien dirigidos que estos sean.
En este pinto de la reflexión permítanme citar el pasaje de Éxodo 6:3. En este pasaje, Dios se está manifestándo a Moisés desde la zarza ardiente, dándole a saber que los patriarcas conocieron de Dios, pero ni siquiera sabían su nombre. Esto es interesante pues vemos que hubo seres humanos bendecidos con la comunión con Dios, sin siquiera saber su nombre, sin que hubiera sistemas religiosos de adoración y sacrificios. Los patriarcas ofrecieron sacrificios, ellos tuvieron una relación cercana e íntima con Dios, ¿cómo?, no había ritos ni sistemas de adoración y sacrificio, no habían sacerdotes para guiarles, no habían profetas para amonestarles, entonces ¿cómo llegaron a tener conocimiento de Dios?
¿Es que existe otra forma de adquirir conocimiento de Dios, mas allá de los ritos, ceremonias y el conocimiento intelectual de Dios?.

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