Un Dios que trata de revelarse al hombre

Habiendo ya meditado en que si Dios se relacionó con algunos hombres, aun sin darse a conocer por su nombre y sin existir un sistemas de adoración y de sacrificios, deducimos que Dios se relacionó de alguna forma. Manifestarse, mostrarse, darse a conocer o revelarse son algunos de los términos que nos permiten ver este tipo de relación de Dios con el hombre.
En este momento de la reflexión es bueno hacer notar que la “relación formal de Dios” con el hombre varía de acuerdo al volumen receptor de esta relación. Cuando Dios se relacionaba directamente con los patriarcas, era una época en que se centraba la atención de la relación en forma personal con algunos destacados. Cuando Dios comienza una relación con la nación de Israel se establece un sistema de adoración y sacrificios que permite una relación más fluida entre todo el pueblo y Dios. Finalmente, al extender mediante el sacrificio de Cristo la salvación a toda la humanidad, el sistema establecido para Israel se hace obsoleto y nace el sistema de la gracia y la intercesión directa de Jesús por el hombre.
No debemos apartarnos de la idea central que a pesar de la formalidad de la relación de Dios con el hombre hay un desconocimiento de Dios y buscamos la forma como Dios se da a conocer mas allá de lo formal. Las escrituras nos dan algunos ejemplos de cómo Dios se manifiesta al hombre:
Isaías 66:14 nos dice que Dios de da a conocer a través de su mano cuando libra a su pueblo. Es decir, que Dios se da a conocer o revela al hombre a través de la ayuda divina en momentos de apremios o complejos para el hombre.
Salmos 9:16, nos dice que Dios se da a conocer cuando ejecuta juicio contra el pueblo. Él es un Dios justo y severo y cuando sus hijos caen en error los debe corregir. Es a través de esa corrección, la cual permite al hombre enderezar su caminar y dejar lo malo que Dios se da a conocer.
Ezequiel 20:11, nos dice que Dios se manifiesta cuando da a conocer sus estatutos al hombre, refiriéndose a las sagradas escrituras. Es a través de la Biblia que Dios se manifiesta certeramente al hombre.
2Samuel 7:20-21, nos dice que Dios se muestra a través de las bendiciones personales que el nos otorga.
Es decir, que en medio de nuestra cotidianidad, Dios se revela al hombre, se manifiesta a través de conocer nuestras acciones y reaccionar interfiriendo para corregirnos en nuestro accionar, o interviniendo ayudándonos milagrosamente, o bien ordenando las circunstancias de los eventos en nuestro favor. ¡Gloria a Dios por eso!.
No obstante la verdad anterior, vemos que naturalmente el hombre vive lejos de Dios y, más aun, muchos creyentes viven una cristiandad aprendida y no reaccionan este el estímulo de la manifestación de Dios en sus vidas. ¿Por qué?. Pensemos en el caso del apóstol Pablo, un hombre criado e instruido en la ley, doctor en la ley, su maestro era un hombre sobresaliente no solo en conocer la ley, sino era considerado por sus discípulos y la gente en general como un hombre sabio. Por la personalidad de Pablo suponemos que el no solo aprendió las lecciones de la ley, sino de la vida misma de parte de su maestro, pero claramente a pesar del bagaje de conocimientos Pablo no conocía a Dios y solo en el momento de su conversión Dios se revela o muestra realmente a Pablo en medio de un milagro sobrenatural. Reitero la interrogante, ¿Por qué el hombre no reacciona naturalmente ante las manifestaciones de Dios? Las escrituras nos arrojan luz al respecto:
Isaías: 55:8 En este versículo Dios da una clara respuesta pues aclara que los pensamientos y caminos de Dios difieren de los del hombre. El hombre naturalmente vive sin considerar a Dios en sus planes, ideas y pensamientos. Busca lo mejor para sí, sin pensar en las consecuencias de sus acciones sobre los demás, no le importa dañar o herir en su camino. Está tan ocupado en su caminar y en la cavilación de sus propios pensamientos que no logra percibir las manifestaciones de Dios en su vida, a lo más se extraña de algunas de ellas al considerarlas no normales.
Miremos 1Corintios 2:14; En este versículo magistralmente el apóstol Pablo explica la razón de la incapacidad del hombre de entender las manifestaciones de Dios. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios….”. es la naturaleza humana la que no permite percibir. Son los sentidos sensoriales de nuestro cuerpo quienes nos permiten percibir el entorno que nos rodea. El tacto, el olfato, la audición, la visión nos entregan la información necesaria para percibir alteraciones en el entorno que podrían revestir riesgo, o bien entregarnos placer como por ejemplo evitar una quemadura con un objeto caliente, o refrescarnos con un vaso de agua helada en época de verano. Si naturalmente somos capaces de percibir el entorno físico, ¿no podríamos percibir lo de Dios?.

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