Hombre natural y hombre espiritual


De acuerdo a lo expresado por el apóstol Pablo, el hombre natural está incapacitado para percibir las cosas que son del espíritu, siendo esa la razón por la cual a pesar de que Dios se revela o comunica con el hombre de diferentes maneras, los hombres no son capaces de entender ese lenguaje divino, no son capaces de percibirlo.
¿Cómo es entonces que algunos si logran desarrollar una sensibilidad tal que les permite entenderlas revelaciones de Dios y establecer una relación con El?
En el capítulo 3 del evangelio de Juan encontramos el relato del encuentro de Jesús y Nicodemo, este último era un principal entre los judíos, un hombre sabio y enseñador de la ley al pueblo. No nos detendremos a analizar la conversación que ellos tuvieron, pero si pondremos atención al versículo 6, donde Jesús declara una verdad o revelación de suma importancia: “Lo que es nacido de la carne, carne es, lo que es nacido del espíritu, espíritu es”.
Jesús da a entender que los creyentes, así como tiene un cuerpo físico que posee una serie de capacidades, físicas, intelectuales y emocionales, las cuales en algunos individuos alcanzan un alto y notable desarrollo, como los atletas en el caso de las capacidades físicas, los grandes pensadores y científicos en el caso de las capacidades intelectuales y aun las emociones pueden generar pensamientos y poemas de gran belleza y profundidad o bien generar pleitos o guerras a niveles insospechados, cuando emociones negativas como el egoísmo, la egolatría o la vanidad nos gobiernen. Paralelo a este cuerpo humano debemos desarrollar un hombre espiritual el cual también debe ser desarrollado mediante los frutos del espíritu que nos enseña el apóstol Pablo. Sin dudar que cuando sea requerido por la Iglesia, Dios dotara a ese hombre espiritual de los dones del Espíritu que Dios estime necesarios. Ese hombre espiritual en constante desarrollo es la esencia capaz de entender y ver las revelaciones de Dios, es ese hombre espiritual el que puede llegar percibir las cosas del Espíritu de Dios y a Dios mismo.
En el pasaje del evangelio de Mateo 16:13-20, vemos la conversación de Jesús con sus discípulos acerca de quien pensaban los hombres que era Jesús. Los apóstoles repitieron a Jesús las hipótesis que ellos habían oído de los hombres, es decir lo que los hombres naturales pensaban acerca de quién era Jesús: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o algún otro profeta. Jesús les mira y les pregunta y ustedes quien decís que soy? La sorprendente respuesta de Pedro fue “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Más sorprendente es aun la respuesta de Jesús a Pedro “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo revelo carne ni sangre, sino mi padre que está en los cielos”. Dios había revelado a Pedro una verdad eterna y piedra fundamental de la salvación y redención del hombre. Cuando el hombre comienza a caminar junto a Jesús y empieza a desarrollar ese hombre espiritual, adquiere la capacidad de entender cuando Dios se revela a su vida, en esas relaciones de Dios, la ve su mano y no solo un hecho sorprendente o algo extraordinario, sino una revelación del amor, poder o misericordia de Dios. Ese hombre espiritual que se va desarrollando en una vida de estar en comunión con Dios, una vida de pensar en las cosas de Dios, una vida de orar a Dios , de leer su Palabra, de participar de la comunión de los santos, es enseñado por Dios, como lo dice San Juan 6:25.
El apóstol Pablo cuando ora por la Iglesia de Éfeso pide que la Iglesia sea bendecida con espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de El (de Dios), es decir que es Dios quien dota al hombre espiritual de las capacidades necesarias para recibir las revelaciones de Dios.
Sintetizando un pueblo, una congregación o una persona que sirve a Dios puede llegar a ser destruido por faltarle el conocimiento de Dios, un conocimiento que va más allá de saber hacer Iglesia, que va más allá de hacer los ritos religiosos y litúrgicos. Hablamos de un conocimiento que viene de las revelaciones que Dios da al hombre, revelaciones en la vida cotidiana, en medio de las dificultades del vivir diario y en esos momentos de intimidad -divina en momentos cruciales de nuestra vida.
Nuestro esfuerzo debe ser en buscar, ayudados del Espíritu Santo, a desarrollar el hombre espiritual que posee la sensibilidad de percibir las cosas de Dios, desarrollar ese hombre espiritual que si entiende y percibe las revelaciones de Dios, ese hombre que si conoce a Dios.

Un abrazo y bendiciones

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